PID AMAZONIA PID AMAZONIA
PID AMAZONIA

UNA NUEVA VISIÓN ANTROPOCÉNTRICA PARA LA CONSERVACIÓN DE LOS ECOSISTEMAS
Por: Mauricio Cote, miembro de Fundación Natura, aliada de la PID Amazonía

En la reciente historia de la humanidad, que puede sentarse desde la invención de la máquina de vapor, se han alcanzado niveles de desarrollo, complejidad y bienestar nunca conocidos. Gran parte de este progreso se debe a la inmensa capacidad cognito-creativa, de curiosidad y análisis que la especie humana ha aprovechado[1].  Estas habilidades en conjunto con la verbalización de las ideas y sistemas de socialización y prácticas colaborativas han generado una importante base para la construcción de lo que hoy se conoce como la sociedad moderna. 
 
Algunas características generales y recurrentes de estas sociedades incluyen el aumento de la expectativa de vida media global.  A nivel mundial este valor se elevó de 57 años en 1920 a 85 años en 2010.  También el incremento de la productividad agrícola por hectáreaExtensión de tierra correspondiente a una dimensión de 100 metros por 100 metros.  Se estima que la deforestación de esta área emite aproximadamente 400 toneladas de carbono. o la mejora sustancial de los sistema y protección de la salud, entre otros.  Su principal efecto ha sido la cuatriplicación de la población en menos de 150 años.  Hoy en día el planeta Tierra sostiene alrededor de 8 billones de seres humanos y la tendencia, si bien se han desacelerado, es de alcanzar los 11,5 billones en 2050. 
 
Las repercusiones a nivel de recursos naturales muestran un aumento en la demanda de agua, biomasa, combustibles fósiles o cambios de uso del suelo, que hoy dan indicios de sobreexplotación y alteración de los ecosistemas y que es enardecida por el afianzamiento del sistema económico dominante, cuyo fin se centra en la creación de valor a partir del sofisma de la riqueza sin límites.  En este escenario la transformación de los recursos naturales bióticos y abióticos vistos como fuentes inagotables, en un espacio finito, trae consecuencias críticas para la biósfera y la sociedad misma.  Como dice Calaça et al. (2018), esta explotación levanta dudas sobre la capacidad de la modernidad como patrón de desarrollo, pues el “modelo económico vigente en el mundo contemporáneo es insostenible”.  Si bien la sociedad moderna en general cuenta con una mayor riqueza e indicadores económicos nacionales que muestran poblaciones enteras saliendo de la pobreza, los impactos a nivel natural no son los mismos.
 
Los ecosistemas y el medioambiente, incluyendo las demás especies de fauna y flora, han pagado un precio elevado por mantener este nivel de “falso” confort; y hoy en día se experimentan pérdidas significativas de biodiversidad, deforestación de bosques naturales, contaminación de ecosistemas o sobrepasos de límites ecológicos que ponen en riesgo la resiliencia ecosistémica a partir del agotamiento, casi en su totalidad, de recursos naturales bióticos y abióticos y del aumento de emisiones de GEI con sus efectos visibles en la crisis climática.
 
La gran responsable de esta realidad es la concepción antropocéntrica de los seres humanos en la biósfera, que han supuesto su absoluto, aunque entendible, dominio sobre las demás especies y ecosistemas inmerso en el hoy llamado Antropoceno.  Si esta premisa no es transformada difícilmente se logrará llegar a un estado de conservación habitable de los ecosistemas como los conocemos en los próximos 50 años.
 
El panorama tiene retos gigantescos y requiere de nuestra acción conjunta y alineada para iniciar procesos de transformación hacia un convivencia sostenible y amigable con el medio ambiente.  Desde el año 1972, se han intentado aminorar los efectos de la acción humana en el planeta a través de innumerables tratados internacionales, regulaciones ambientales y acuerdos multilaterales en torno a la protección del medioambiente, conservación de la biodiversidad y mejorar la gestión de los recursos naturales.  Sin embargo, los efectos y cambios no han sido suficientes y en muchas ocasiones poco notorios.
 
En gran parte porque se siguen observando la naturaleza como un agente externo dominado, sin derechos a su conservación.  Por esto la transformación de la percepción del lugar ocupado por el ser humano en la biósfera debe iniciarse desde diferentes ámbitos inter alia social, filosófico, económico, legal.  Si bien es imperante reconocer el impacto que los seres humanos han causado y están causando, también es necesario empezar a entender el rol como especie dominante y como agentes restauradores y transformadores. Que no solo contempla las esferas físicas, geográficas y biogeoquímicas, sino las esferas políticas y socioeconómicas.  Todas inmersas en procesos que afectan el bienestar general de las dinámicas terrestres. 
 
En el ámbito legal se han realizado importantes avances.  Una de ellas es el empleo de una herramienta que puede contribuir a reformular la concepción y relación de los seres humanos con los ecosistemas y su entorno en general.  Esta es la capacidad de darle derechos a los ecosistemas; es decir que los ecosistemas sean sujetos de derechos.  
 
¿Es efectiva y pertinente esta aproximación descentrada de la especie humana, y por ende con efectos en los ecosistemas como la reducción de la deforestación, aumento de la diversidad biológica y garantía de las contribuciones de la naturaleza al ser humano?
 
La declaración de objetos no vivientes sujetos de derechos permitirá la construcción de nuevos instrumentos hacia el reconocimiento y la protección de los ecosistemas y su permanencia como agentes reguladores de los procesos biogeoquímicos.  Es importante dar pasos hacia esta dirección y de forma rápida, antes de atravesar o transgredir límites de no retorno en las condiciones actuales de los ecosistemas.
 
 
Referencias
 
Pinto Calaça, I. Z., Cerneiro de Freitas, P. J. Da Silva, S. A. y Maluf, F. (2018). La naturaleza como sujeto de derechos: análisis bioético de las Constituciones de Ecuador y Bolivia. Revista Latinoamericana de Bioética, 18(1), 155-171.  Doi: https://doi.org/10.18359/rlbi.3030. Tomado de: http://www.scielo.org.co/pdf/rlb/v18n1/1657-4702-rlb-18-01-00155.pdf



[1] Se habla de aprovechamiento pues la capacidad cognitiva del ser humano ocurrió de manera espontánea y no intencionada dentro de un proceso evolutivo aleatorio, que ha sido utilizado en beneficio volitivo de la especie humana.

*Foto portada: https://opiac.org.co

Artículos
2019-11-16