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SOLUCIÓN AL PROBLEMA DE LA DEFORESTACIÓN: DARLE VALOR A LA SELVA AMAZÓNICA
Por: Julio Roberto del Cairo

La Amazonía continúa perdiendo terrenos forestales a grandes pasos, especialmente, en nuestro caso, en el sector norte del Departamento del Guaviare y sur occidente del Departamento del Meta, que constituyen en sumatoria en los últimos 18 años, cerca de 1.800.000 hectáreaExtensión de tierra correspondiente a una dimensión de 100 metros por 100 metros.  Se estima que la deforestación de esta área emite aproximadamente 400 toneladas de carbono.s, o sea el 72% de la Zona de recuperación Sur del AMEM (FCDS 2018)[1]. A este ritmo, en muy pocos años habrá desaparecido de la superficie del Guaviare la densa vegetación que la caracterizó, siendo reemplazada por extensas praderas para la producción ganadera.

Esta desvalorización de las selvas, desde la llegada de la cultura “blanca”, ha venido creciendo en forma desmesurada durante los últimos 100 años y seguramente está asociada con la visión negativa que los recién llegados han generado en torno a lo “malo” que representa la densidad de sus bosques y la profusión de algunos animales letales para el ser humano, sin quitarle ningún protagonismo a los insectos ponzoñosos y a los infaltables zancudos, que en miríadas se ceban sobre las pieles menos oscuras y blancas de quienes se atreven a circular por su interior.

Aún hoy, dos décadas después de iniciarse el siglo XXI, con todos los elementos tecnológicos al servicio del hombre, con muchos científicos rodando a lo largo y ancho de estos terrenos alejados y marginales, no hemos sido capaces de, después de haber conocido, instruir y sensibilizar a sus habitantes actuales y futuros sobre las grandes limitaciones que poseen los suelos del territorio; y quienes entran lo hacen con un elemento obsesivo entre ceja y ceja: Destruir el bosque y poner sus suelos al “servicio” de su conquistador y colonizador, creyendo que esta gigantesca labor le ha de reportar los réditos económicos que otras labores emprendidas no han logrado satisfacer.

De la misma forma y visto desde otro punto de vista, el accionar científico e institucional sobre su superficie, no ha sido lo suficientemente profundo e impactante y ha tenido tan poca divulgación, en el lenguaje adecuado, para ser aprehendido por los miles de “hacedores de praderas” que pululan en su interior, sin norte, sin asesoría, sin apoyos estatales, hundiéndose cada día mas en sus propias necesidades y las de su familia, aunque beneficiando de paso con su actitud conquistadora y colonizadora, a las políticas estatales de concentración de la propiedad de las tierras en las zonas más aptas, sirviendo como válvula de escape a la presión sobre las mismas en el interior del país y enviando voluntariamente a este “gulag” desconocido, a los sobrevivientes de estas expresiones sociales.

Se dice que más del 90% de las especies vegetales y animales de la Amazonía no ha sido estudiadas: “… los científicos creen que menos del 1% de las especies de plantas amazónicas han sido estudiadas en detalle para conocer su potencial medicinal. Por lo que, conforme el tamaño del bioma del bosque tropical amazónico se reduce lentamente, también lo hace el uso potencial de plantas aún no descubiertas.”[2]

En este sentido, es prioritario y urgente que en la agenda de los países amazónicos y de las entidades científicas del mundo se estructure y se realice una investigación ordenada y progresiva sobre las propiedades (químicas, farmacéuticas, industriales, alimenticias, etc.) presentes en estas plantas, con el fin de ir develando en forma continuada sus valores intrínsecos y a la vez enriqueciendo el conocimiento sobre su uso y transformación, que permita la apropiación por parte del colono de esta posibilidad, ampliando el abanico de ofertas productivas “in situ” que motiven la protección permanente de los bosques.

En el actual estado de cosas el futuro de la Amazonía estará signado por la ganadería extensiva y la pérdida continua de la delgada capa orgánica que constituye su suelo productivo, lo que a nadie beneficiará. Si como lo expresa NG en su artículo, aquí referenciado, tan sólo un 1% de las especies vegetales amazónicas han sido estudiadas en detalle para conocer sus propiedades medicinales, resta un 99%, titánica labor, para develarlo para el beneficio de la humanidad. Esto tan sólo podrá ser realizable si se encara la realidad de que estamos demasiado atrasados en lo que respecta al conocimiento amazónico y se constituya una organización u alianza internacional que ponga todos sus esfuerzos en revelar los más recónditos secretos de las plantas de la Amazonía, orientados por un grupo representativo de sabedores indígenas del territorio y así podamos darle un valor de uso sostenible y de conservación al bosque, que minimice al máximo su expoliación y potencie su preservación.

El valor del bosque en el día de hoy, para la cultura occidental blanca es, definitivamente, cero. No comprenden las relaciones entre este y las manifestaciones climáticas. La biodiversidad presente en sus límites tan sólo significa un coto de caza y captura de especímenes. Los árboles tan sólo son vistos en relación a los metros cúbicos de madera fina que puede reportar para sus industrias y la variada capa vegetal del territorio se percibe como un manto que debe ser desaparecido para entrar en contacto con las “riquezas de su suelo” y las mineras de su subsuelo y cuya eliminación a nadie le importa. Ni a gobiernos, ni a científicos, ni académicos, ni a multinacionales, ni a las personas del común (las menos beneficiadas), con tal de que las riquezas sigan fluyendo hacia sus arcas, sin saber siquiera que esos ríos de leche y miel en los cuales creyeron firmemente durante muchos años, están destinados a secarse si no hacemos nada a su favor, llevándose a la peor plaga que ha existido sobre la superficie terrestre: El Hombre.
 
 


[1] FCDS en Revista Colombia Amazónica No. 11 de 2018. SINCHI
[2]  https://www.ngenespanol.com/traveler/10-datos-riqueza-natural-la-amazonia/

Artículos
2020-12-16

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