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LOS SUELOS DE LA AMAZONÍA REQUIEREN UN TRATO MUY ESPECIAL
La gran mayoría de las personas tienen una concepción errada de las aptitudes agropecuarias de los suelos amazónicos, que privilegia la destrucción de los bosques para el aprovechamiento de las “riquezas” productivas ocultas dentro de su gran densidad vegetal.

Desde las épocas de la conquista, muy seguramente con los viajes de Orellana a mediados del siglo XVI, se empezó a percibir a la Amazonía como un vergel: suelos con una capacidad productiva extraordinaria, dado que podían mantener esos densos y magníficos bosques que a todos impresionaban. Para la población originaria de este territorio, con una experiencia en ellos de cientos de años, la percepción era diferente.

La cultura de la chagra indígena resume todos los conocimientos ancestrales del entorno:  el tamaño, selección de los terrenos para la siembra, selección del tipo de suelos según la especie a ser sembrada,  definición de la mejor época de siembra, la socola y posterior tumba de las especies originales,  aplicación del concepto de “dejar enfriar la tierra”,  selección de las semillas,  mezcla de cultivos al interior de la chagra, labores culturales de mantenimiento de los cultivos,  siembra (meses después) de los frutales, posterior a la siembra de los productos de pancoger; cosecha periódica de los productos plantados y, finalmente, el abandono de la chagra para reiniciar el proceso en otro sector. [1]

Todas estas tareas para generar una seguridad alimentaria, también lo eran para la “seguridad cultural”  de un pueblo, recogiendo también significados espirituales y de proyección, en donde toda la familia toma parte (hombres, mujeres y niños) y también otros miembros del pueblo indígena, solidificando sus lazos entre sí y con el entorno, lo que les brinda todas las posibilidades para su pervivencia. Así la naturaleza puede ser resiliente.

Se puede inferir que las culturas indígenas han definido un camino de aprovechamiento  sostenible para su relacionamiento con la naturaleza. Decadas de observación para precisar y lograr intervenir su entorno sin afectarlo, de procesos de ensayo-error-ensayo, hasta lograr aprehender los mas ocultos secretos de esa masa boscosa gigantesca y multidiversa, para poder convivir con armonía sabiéndose parte integral de ese todo, pero no sintiéndose por encima de su entorno natural.

En la década de los 70´s,  Abdón Cortés Lombana, uno de los primeros edafólogos del país, haciendo referencia a los suelos amazónicos decía: “Se ha sugerido que en la Amazonía se establece un ciclo directo de nutrientes en tal forma que las plantas obtienen su alimento de las capas de hojarasca y otros residuos orgánicos en descomposición  (Stark, 1969) a través de raíces “alimentadoras” y hongos micorriza. Este proceso hace posible la existencia de la vegetación exuberante de la selva amazónica que da la impresión de estar asentada sobre suelo realmente feraz. Sin embargo, cuando el bosque se corta y se queman los nutrientes almacenados durante miles de años, en la fase orgánica del ecosistema, se hacen súbitamente solubles y se pierden por lavado.“[2]

Lo anterior lleva a inferir que desde el inicio de la intervención humana, no indígena, se ha venido afectando de manera completamente lesiva a la Amazonía en toda su extensión. Se entiende que el factor primordial para ello es el desconocimiento.  Lo que realmente asusta es que, cinco siglos después del descubrimiento, sigamos con la misma ignorancia sobre estos territorios tan particulares y tan especiales para la humanidad y el equilibrio ambiental.

Por este  desconocimiento, se están dejando los suelos completamente  a la intemperie, sin su cobertura boscosa, para que los elementos y las malas prácticas agrícolas se  encarguen de eliminar cualquier vestigio productivo de su superficie. Es decir, desde el siglo XVI se ha mantenido una ignorancia sobre esta temática y aún, hoy en día, Siglo XXI, se mantiene el mismo desconocimiento, aunque ya en algunos nichos especiales del saber se manejan conceptos más o menos claros, pero esta información no ha fluido hacia las personas que están relacionadas directamente con la ocupación y uso de este suelo, por lo tanto el daño continúa.

Por la conformación y estructura del suelo de esta región, no es dable la utilización de este recurso en cultivos de ciclo corto o cultivos extensivos, a no ser que se adopten, como primera medida, modelos similares a los utilizados en la chagra indígena que privilegian la mezcla de especies (semestrales, anuales y perennes) y a los pocos años se “abandona”, dejando solo las especies perennes que ayudarán a la reconstitución del bosque al cabo de algunos años y un suministro permanente de sus frutos a las familias asentadas a su alrededor.

Como segunda medida la opción “comercial”, que le debe generar ingresos a la familia campesina, bajo un concepto de sostenibilidad, debe ser la sustitución de “un bosque por otro bosque”. En el caso del Guaviare, el bosque original, talado, perdido ambientalmente y transformado en pradera para una exangüe producción ganadera, debe ser recuperado utilizando los modelos agroforestales o silvopastoriles, que son la mejor opción actual para la recuperación de la vegetación. Este proceso requiere la descompactación de la pradera, para oxigenar el suelo y la adición de abonos orgánicos y seguramente algunos fertilizantes, dependiendo de los requerimientos de las especies a sembrar.

No olvidar que el sistema agroforestal demanda la inserción de especies forestales en fajas, que se combinan con fajas de otras especies forestales y agricolas y aún con la ganadería. No deben ser monocultivos. Debe haber variedad en ellas que permitan los aportes de biomasa de diferente estructura que enriquezcan el suelo. Veamos la siguiente  diapositiva:[3]



La distribución anterior debe ser implementada por los interesados en la recuperación ambiental y económica de sus predios. Se deben buscar las alternativas agroforestales mas adecuadas a sus gustos y capacidad de manejo, iniciando con pequeñas áreas (1 o 2 hectáreaExtensión de tierra correspondiente a una dimensión de 100 metros por 100 metros.  Se estima que la deforestación de esta área emite aproximadamente 400 toneladas de carbono.s) y año a año ir aumentando las áreas hasta alcanzar la satisfacción económica, de forma que en un lapso no mayor de 10 años el predio se haya convertido en algo similar al siguiente dibujo:


 
El suelo amazónico es muy rico, cumpliendo su función de sostén y oferente de nutrientes para el bosque amazónico. El bosque protege al suelo de los impactos directos de la lluvia y el viento. Desarrollan una simbiosis única, interdependiente y enriquecedora que permite la pervivencia de ambos de forma indefinida en el tiempo.  La exposición directa de los suelos por la tala del bosque, los revela a la acción de los elementos que los degradan en muy pocos años, dejando expuestos los horizontes de arcillas improductivas que, en la actualidad, sólo sirven para hacer ladrillos.


[1] Acosta, LE; et,al,. La chagra en La Chorrera: más que una producción de subsistencia, es una fuente de comunicación y alimento físico y espiritual, de los Hijos del tabaco, la coca y la yuca dulce. Los retos de las nuevas generaciones para las prácticas culturales y los saberes tradicionales asociados a la biodiversidad. Instituto Amazónico de Investigaciones Científicas, Sinchi. Asociación Zonal Indígena de Cabildos y Autoridades Tradicionales de La Chorrera – AZICATCH, Septiembre de 2011.
[2] CORTËS L., Abdón. Aptitud de uso y manejo de los suelos de la Amazonía Colombiana. 1973
[3] ROJAS G. Salvador. PFNM en Sistemas Agroforestales como opciones para DA. Presentación Power Point. CORPOICA, 2017
  

Artículos
2020-09-03

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