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GUAVIARE, EL RECONOCIMIENTO DE UNA CULTURA CON UNA GRAN RIQUEZA NATURAL
Por: Julio Botella, experto en Turismo y Asesor Internacional para Climate Focus-PIDAmazonía.
 
 
Por fin he regresado al Guaviare, esa joya colombiana que tuve la suerte de descubrir por primera vez en 2018. Entonces era la temporada seca, había poco tiempo y mucho por hacer, pero fue suficiente para que la magia de este rincón único del planeta me acompañara de regreso a Madrid, dando forma al proyecto con el que hoy pude retornar. El vuelo desde Bogotá en el avión de Satena es corto en tiempo y distancia, como su tamaño, pero nos encamina por una transición paisajística y cultural.
 
Durante el descenso para aterrizar en el aeropuerto de San José, entre los jirones nubosos impacta la vista aérea del inabarcable y misterioso manto amazónico y las tremendas heridas de la deforestación, recientes y bien  visibles sobre su extensa cobertura. Otras vías de acceso son los 296 km por carretera desde Villavicencio, si las condiciones lo permiten, o por vía fluvial - comercial desde Puerto Lleras- que transita entre los ríos Ariari y Guaviare.

 
El departamento del Guaviare, considerado una de las puertas de la Amazonía, reúne características propias tan especiales, que la convierten una zona privilegiada y única en el mundo, lamentablemente amenazada y merecedora de una atención y protección especial. Situado en la parte oriental de Colombia y con una extensión de aproximadamente 54.847 km2, el Guaviare es uno de los seis departamentos que conforman la Amazonía colombianaLa Amazonía colombiana es una de las seis regiones naturales de Colombia ubicada al sur del país. Limita por el norte con la Orinoquía, por el Oeste con la región Andina, por el este con Venezuela y Brasil y por el sur con Perú y Ecuador. Comprende cerca del 50% del área terrestre colombiana y es la zona menos poblada del país. La conforman los departamentos de Amazonas, Putumayo, Vaupés, Caquetá, Guainía, Guaviare y parte del Meta y Vichada. Hace parte de la selva del Amazonas que es la más extensa zona forestal del mundo. (junto a: Amazonas, Caquetá, Guainía, Vaupés y Putumayo), al norte de la misma. Su población es de aproximadamente 110 mil habitantes.  Gran parte del Departamento es parte de la gran Reserva Forestal de la Amazonía y alberga diferentes zonas naturales con reconocimiento jurídico especial, como la Zona de Preservación de la Serranía de la Lindosa (ampliada en casi un 30% recientemente), las Reservas Naturales y Resguardos de los Nükak Makú y otros pueblos indígenas; o La serranía de Chiribiquete, en plena declaratoria como Patrimonio Cultural y Natural de la Humanidad , que con sus más de 4,5 millones de hectáreaExtensión de tierra correspondiente a una dimensión de 100 metros por 100 metros.  Se estima que la deforestación de esta área emite aproximadamente 400 toneladas de carbono.s es el más grande de todo Colombia Es decir que el Guaviare cuenta con más de seis millones de hectáreaExtensión de tierra correspondiente a una dimensión de 100 metros por 100 metros.  Se estima que la deforestación de esta área emite aproximadamente 400 toneladas de carbono.s con diferentes niveles de protección y reconocimiento.
 
Durante décadas la región ha mantenido algunas de sus riquezas, recursos naturales y culturales. La coyuntura pasada del conflicto armado, el narcotráfico y actividades ilícitas, lo convirtieron en un territorio casi inaccesible y paradójicamente logró que se haya conservado. Pero los dos procesos, el de Paz y el nuevo escenario en los cultivos ilícitos, han traído una nueva accesibilidad al territorio, una apertura con un gran impacto: por un lado, el territorio y sus riquezas son accesibles para visitantes, turistas y potenciales nuevos pobladores. Por otro, esa accesibilidad amenaza a los ecosistemas y su subsistencia, debido a la invasión de la frontera agropecuaria. Esta invasión, centrada sobre todo en la ganadería bovina extensiva y en los cultivos de praderización también extensiva, tiene unos efectos que aparecen casi tan rápido como los primeros ingresos fruto de su explotación.
 
Durante mi visita he podido recorrer las principales zonas demandadas por los turistas, junto a guías y transportistas responsables, motivados y amantes de su territorio, como: Juan, Marco, Édgar, Saúl, Raúl y Omar, que no escatiman esfuerzos en dar a conocer al visitante los tesoros del Guaviare. Mucho caño, mucha trocha y vereda y mucho caminar bajo el sol de la sabana, trepar piedras, bajar quebrados oscuros, aguantar lluvia y compartir alimento e historias en la mejor compañía … y con las botas de caucho siempre embarradas.
 
Desde el punto de vista paisajístico y orográfico, el Guaviare es la transición del bosque húmedo amazónico al llano de piedemonte andino del interior del país, todo ello reventado por el afloramiento rocoso del Escudo Guyanés, una de las formaciones más antiguas del planeta, precámbrica, cuya estructura dota al Guaviare de características diferenciales. Las llanuras aluviales, las terrazas antiguas y lechos fluviales de la ondulada planicie amazónica entran hacia la sabana del llano entre sierras de pura roca, cascadas ruidosas y relieves alucinantes fruto de la erosión milenaria. Extensiones lacustres y boscosas como las laguna negra y de nare, que siguen como otras muchas el cauce del río Guaviare desde el Orinoco, llenan la región de pájaros, micos, perezosos y vida de todo tipo, visible y microscópica, y se crecen a la sombra de los tepuys en paisajes casi de cuentos, donde la selva serpentea y cuelga entre formaciones ciclópeas, inverosímiles, llenas de panales enormes de abejas minúsculas, como en Ciudad, Túneles de Piedra y la Puerta de Orión, por las que caminar es una experiencia sensorial inigualable. Desde el punto de vista de la biodiversidad, cada unidad paisajística es hogar del particular ecosistema de fauna y flora característico de los tres grandes ejes naturales de la región (ya mencionados) pero lo más importante, lo que lo convierte en único, es que al confluir todos ellos en uno albergan los conjuntos de transición entre diferentes ecosistemas de biodiversidad mejor preservados y menos investigados del planeta. Solo el ecosistema Amazónico alberga el 30% de todas las especies animales y vegetales del mundo, incluyendo más de 16 mil tipos de árboles y 40 mil de plantas, el doble de tipos de peces conocidos en sus ríos, que en el Océano Atlántico, más de 15.000 especies animales entre mamíferos, aves, anfibios y reptiles y entre 50 y 100 mil tipos de invertebrados. Al Guaviare, se le suman otros ecosistemas[3] .
 
Desde el punto de vista humano y cultural, en el Guaviare se puede encontrar: pinturas rupestres al abrigo de los tepuyes, como los grandes murales de Cerro Azul y Nuevo Tolima o las más pequeñas que salen aquí y allá. Son un descubrimiento revolucionario aún por investigar a fondo y son sólo la punta de lanza del estudio del pasado humano de la región.
 


Como segunda medida las diferentes comunidades indígenas: Nükaks, Tucanos, Curripacos, Guayaberos y hasta unas quince etnias agrupadas en cuatro grandes grupos lingüisticos forman aproximadamente el 5% de la población. Ellos son tanto una fuente de enriquecimiento humano y cultural, como un actor indispensable en la región, en un escenario en que el futuro necesita de unos y otros co-existiendo por su bien y el del tesoro que la naturaleza ha puesto sus manos. Por último, pero no menos importante, la población actual, herederos de las diferentes oleadas colonizadoras del siglo XX y aún marcados por la terrible historia reciente del país. Una población que lucha por salir adelante en un territorio fértil, delicado, admirado y amenazado y que comienza a asumir que el propio territorio también tiene que “salir adelante”. La población carga con la mochila de desconfianza (y que es, indudablemente, el reto más grande a superar por el bien de la región), pero también ofrece una lección de dignidad y supervivencia en un entorno tan duro y con esta naturaleza, logrando un interés especial más allá de la frontera de la propia vecindad. Y en las nuevas circunstancias, también esperanza y optimismo. Culturalmente, el laberinto humano del Guaviare no es ni menos rico ni menos exigente que los laberintos paisajísticos y de biodiversidad de la región.
 
Como decía al principio, la frontera agropecuaria infringe una herida al medio ambiente que daña también al habitante local y cuyos efectos dañinos aparecen tan rápido como los primeros ingresos producto de su explotación. Es por esto que los propios actores que buscan alternativas de subsistencia desde otras disciplinas como la científica, la agropecuaria, la medioambiental e incluso las administraciones públicas, hayan incluido el turismo como una de las mejores alternativas para el desarrollo económico y sostenible de la región, para hacer un uso sostebnible del territorio, dando otra vida al territorio por su atractivo en sí mismo y su riqueza natural.
 
DeforestaciónDesaparición o disminución de las superficies cubiertas por bosques producto de acciones humanas como expansión de la frontera agrícola, construcción de vías o asentamientos y ganadería, entre otros agentes. Sus resultados incluyen la degradación del suelo, liberación de Gases de Efecto Invernadero-GEI, pérdida de flora y fauna, cambios en las fuentes hídricas y alteración del ciclo del agua., una problemática latente
 
Durante el proceso de deforestación, el bosque húmedo se tumba, se quema y praderiza, perdiéndose la masa forestal que soporta los acuíferos y la vida a su alrededor. La flora autóctona se desvanece y con ella la fauna y toda la capa orgánica, la tierra se seca, se compacta y se hunde en cárcavas. Cuando se agota la fertilidad de la tierra, se tumba, quema y praderiza más allá y luego más allá, más allá… El Guaviare, junto con los departamentos de Caquetá y el sur del Meta, concentran el 60% de la deforestación del país. Más allá, en 2017, seis municipios de la zona (San Vicente de Caguán, Calamar, Cartagena del Chairá, Solano, San José y El Retorno) aumentaron un 100% su superficie deforestada respecto a 2016, concentrando en ellos casi el 50% de la pérdida de bosque de todo Colombia. Personas como Julio Roberto del Cairo Pinto, de la ONG CINDAP-PID Amazonía llevan toda su vida luchando por una convivencia armónica entre los factores humanos y naturales: “Es muy legítimo que cada cual busque su sustento y que lo haga lícita y pacíficamente, pero la expansión de la frontera agropecuaria, transformando los bosques en praderas,  es una agresión hostil, tanto al patrimonio natural como al equilibrio humano, fruto del desconocimiento de la realidad de los territorios amazónicos”.
 
El impacto negativo en el ambiente es alarmante. En un año, entre mis dos viajes, la cantidad de actores externos que tiene sus ojos puestos en la evolución del Guaviare crece. Organizaciones educativas, científicas, plataformas y medios, públicas y privadas, nacionales e internacionales, muchas especializadas en la lucha contra el cambio climáticoEs la alteración global del clima debido a acciones de tipo antrópico que se reflejan en cambios, normalmente extremos, de patrones de lluvias o épocas de sequía.  El cambio climático puede implicar tanto en aumentos como dismunición de la temperatura en algunas zonas de La Tierra que afectan la biodiversidad, el recurso hídrico y las comunidades más vulnerables a estos cambios.  y a favor del progreso responsable. Hay una constante actividad investigadora, capacitadora, una búsqueda de foros de debate, de apoyo, monitorización y generación de recursos. Me ha sorprendido la iniciativa valiente y firme de los que han ido dando los primeros pasos en turismo sostenible y que son la semilla y el ejemplo para los demás que seguirán. La familia de Marcos, mi guía estos días, también dispone de lanchas y servicio de guianza a la Laguna Negra, así como de unas rústicas cabañas al pie del caño, muy solicitadas por fotógrafos de naturaleza e investigadores científicos de diversas universidades. “Mi familia fue pionera del turismo en la zona, en tiempos mucho más difíciles y ahí seguimos”, dice. “El turismo es una fuente de ingresos cada vez más importante, pero aún insuficiente como para prescindir de las demás”.
 
Los proyectos de desarrollo de turismo sostenible cuentan con la ventaja de que aglutinan a su alrededor al resto de actores: la cooperación de universidades para los estudios biológicos, de carga y monitorización, de organismos públicos para capacitación y profesionalización, fomenta la organización de entidades locales y está en sintonía con toda la tendencia mundial eco-responsable, como lo demuestran los records en visitas turísticas y repercusión de la fotografía de naturaleza ornitológica en la región del Guaviare a nivel internacional. Faber Ramos forma parte del equipo de la Universidad Del Bosque de Bogotá, que viene desarrollando el Plan Estratégico para el Desarrollo del Turismo Rural Comunitario en La Serranía de La Lindosa. Coordina en San José del Guaviare, un diplomado dirigido a actores locales: “Nosotros hicimos gran parte de los estudios de Capacidad de Carga en estos predios, y en este tiempo en general no ha habido actos dañinos” dice, “ahora, más actores potenciales están considerando el turismo sostenible, hemos logrado algunos avances en señalética e información que estamos instalando, y damos otro paso con este Diplomado semanal hasta Octubre”.
 
La región tiene unas infraestructuras muchas veces precarias y tiene grandes retos en diferentes niveles y temas, a para poder avanzar en una buena dirección. Pero poco a poco las cosas se van cristalizando en  unión para beneficio de todos, en organizarse para mejorar la gestión, promoción, planificación, con una sola voz común, en el laberinto del turismo. Al menos el diálogo existe y es sobre este tema y se pone sobre la mesa la importancia y viabilidad del turismo sostenible como alternativa ecológico-económica para el medio ambiente y la población.
 
El número de actores involucrados aquí y en otras regiones del país, es un buen indicativo de hasta qué punto la sociedad civil ha asumido la responsabilidad de generar alternativas y oportunidades, lo que da una solidez más allá de las coyunturas y el contexto de vaivenes por las que atraviese el país. En Colombia hay muchos Guaviares, grandes zonas ahora accesibles, que abren sus maravillas vulnerables: en los Llanos, en el Pacífico, en el Caribe, en las cuencas fluviales, en el Urabá-Darién, en Caquetá, el Chochó, la Orinoquía, en Páramos como Sumapaz-Usme por poner ejemplos,y con actores similares (salvando las distancias) locales y externos, y maravillas que proteger en las que invertir atención y cuidados.
 
En el caso del Guaviare, aparte del descubrimiento en sí de esta joya del planeta, tuve la suerte de poder conversar a fondo con unos y con otros, de paseo por el bosque, a la mesa, en despachos, en aulas, en comercios, en Bogotá también, e incluso la última tarde en San José en 2018, apurando citas en la terraza del hotel del aeropuerto, cubiertos por el ruido ensordecedor de los helicópteros entrando y saliendo. En el avión pienso que la necesaria unidad que se reclama, crece ya de forma orgánica y espero que también desde PID-Amazonía podamos ir contando avances y aportando para otro pasito en la buena dirección. Y por supuesto, volver al Guaviare.
 
Fotografías: Julio Botella.
 

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2019-08-24