PID AMAZONIA PID AMAZONIA
PID AMAZONIA

FUEGO Y VORÁGINE, PUNTO SIN RETORNO
Por Angie Carolina Traslaviña Rey – Cedins
 
“¡Oh, selva, esposa del silencio, madre de la soledad y de la neblina! ¿Qué hado maligno me dejó prisionero en tu cárcel verde? Los pabellones de tus ramajes, como inmensa bóveda, siempre están sobre mi cabeza, entre mi aspiración y el cielo claro, que sólo entreveo cuando tus copas estremecidas mueven su oleaje, a la hora de tus crepúsculos angustiosos. ¿dónde estará la estrella querida que de tarde pasea las lomas? ¿aquellos celajes de oro y múrice con que se viste el ángel de los ponientes, por qué no tiemblan en tu dombo? ¡Cuántas veces suspiró mi alma adivinando al través de tus laberintos el reflejo del astro que empurpura las lejanías…”
(José E. Rivera, 1924. Fragmento de La Vorágine ).
 
La maldición.
 
Hace casi un siglo que fue escrita la gran obra de José Eustasio Rivera; 95 años después de la publicación de “La vorágine”, esa selva indomable y temible, que sufrió Arturo Cova (personaje principal de la obra), es una vaga ilusión, un recuerdo del que solamente quedan algunos vestigios, un sueño casi extinto. Tal parece que el único lugar en donde se verán los laberintos verdes, las hormigas carnívoras, los osos perezosos, las serpientes gigantes, las plantas mágicas y sagradas, los ríos cuyas orillas se vislumbran apenas en el horizonte, será en la imaginación de quienes puedan leer las oraciones de Arturo Cova a la selva.
 
José Eustasio Rivera, mostraba en su libro una maldición sobre la selva, y dejó ver como la sed de caucho, mantuvo un periodo de muerte, esclavitud y barbarie en la selva amazónica, un periodo de violencia exacerbada y que sufrieron las comunidades indígenas casi hasta el punto de su extinción. Aunque el tiempo pasó, y la fiebre por el caucho cesó, la maldición sobre el Amazonas no.
 
Si tuviera que colocarle un nombre a la maldición, la llamaría “desarrollo capitalista”, esa gran excusa que desde hace más de un siglo viene devorando todo a su paso, dejando ríos secos, tierras infértiles, venas sin sangre, estómagos vacíos, y cuerpos sin alma.
 
Ese desarrollo que se convierte en la promesa de todo político, con el fin de subsanar todos los problemas que el mismo desarrollo genera, ¡vaya ironía! La cosa es que no se no ha explicado bien que el desarrollo es para los dueños de los inmensos monocultivos, y de las minas. ¡Sí hay un desarrollo! un desarrollo efectivo de sus ganancias a partir de la explotación de la naturaleza.
 
De la fiebre del caucho a la fiebre extractiva.
 
Para quienes piensan que la idea de que existen intereses particulares de un reducido número de personas, sobre las bondades minerales y exóticas de la selva amazónica, hacen parte de una paranoica teoría conspirativa, no es sino que vean las imágenes satelitales de los grandes huecos que la deforestación ha dejado en la selva, o revisar los informes de la Red Amazónica de Información Socioambiental Georreferenciada (RAISG) (1), datos que curiosamente concuerdan con los propósitos económicos de grandes empresas como la minera Vale, o la multinacional Cargill, interesadas en obtener los grandiosos beneficios de la selva, para invertir en monocultivos y sacar el petróleo.
 
Según un artículo de Luis Carlos Muñoz Sarmiento, publicado en El Espectador (2) la fiebre de la explotación dio inicio con la multinacional Volkswagen, al promover uno de los mayores incendios que ha sufrido la selva en 1964, un episodio que se repitió, con un incremento considerable, en los pasados días de agosto del presente año, cuando la fiebre empezó a alcanzar sus picos más altos.
 
Como lo muestran los resultados arrojados por RAISG, e incluso el Instituto Nacional de Investigación Espacial del Brasil (INPE), la imperiosa necesidad de “desarrollo” y la implementación de políticas extractivas que responden a los modelos económicos neoliberales, han dejado un panorama desolador y han corroborado el incremento exponencial del detrimento del ecosistema en la selva.
 
La lucha de los pueblos indígenas por sobrevivir al exterminio
 
Como una pesadilla que no termina, desde que el desarrollo se metió en la selva, los pueblos indígenas han pagado con sus vidas el precio de engrandecer las arcas de los ricos del mundo. Pese a que llevan siglos sobreviviendo bajo la filosofía de respetar a la selva, y de que tienen un derecho legítimo de habitar ese territorio, las multinacionales apoyadas por los gobiernos de los países que componen el gran Amazonas, han venido eliminando sistemáticamente a los pueblos indígenas de diferentes formas; primero esclavizándolos y asesinando a los que se opusieron a extraer caucho, y ahora quemando su territorio.
 
Los indígenas representan un obstáculo para los propósitos del capitalismo, habitan justo las zonas de mayor interés para la explotación minera o los grandes cultivos, o la ganadería, como lo informa RAISG, 2019:
 
“El 68% de las áreas naturales protegidas y territorios indígenas de la región tienen superposición con proyectos de infraestructura y planes de inversión”.
 
Por lo anterior, se podría suponer que los incendios no fueron casuales, ni accidentales. Pese a ello, y con la muerte susurrando sus oídos, algunas organizaciones indígenas como los Arawak se han manifestado y han expresado su indignación, desconcierto y rechazo a los actos cobardes del “desarrollo”.
 
La responsabilidad
 
La situación ha traspasado los derechos humanos y ambientales, (lo que no debería sorprendernos, ya que de eso se tratan los modelos extractivos), la selva está envuelta en una vorágine propia del sistema capitalista. La situación es tal, que ni siquiera se respetan las figuras de áreas naturales protegidas, ya sean reservas forestales o resguardos indígenas, estas figuras creadas legalmente para proteger a la naturaleza y a las comunidades indígenas, parecen no tener ningún efecto frente al poderoso capital.
 
Por su parte el presidente de Brasil, Jair Messias Bolsonaro, mesías de la ultraderecha y estandarte del neoliberalismo en Latinoamérica, se lava las manos en la responsabilidad de los incendios que han desatado: quizá el ecocidio más grande en la historia del planeta tierra, por lo cual el INPE reporta un incremento del 80% en deforestación en lo que va corrido del 2019 en el país, cifra que duplica al total de deforestación del año 2018.
 
Contribuyendo a empeorar el panorama, el presidente de Colombia Iván Duque ha hecho promesas de “desarrollo”, comprometiéndose a gestionar la navegabilidad del río Vaupés. Ecuador sigue apostándole a una economía basada en el extractivismo y en Venezuela se explora la posibilidad de extraer oro en la zona amazónica (3).
 
El punto sin retorno
 
Esta lógica bajo la cual es administrada la selva, pertenece a una lógica del sistema anti-naturaleza (4). Como lo afirma Leonardo Boff, en un artículo publicado en Julio de 2019, el modelo de producción impuesto en el Amazonas rompe con una historia donde el ecosistema se desarrollaba en una relación de coexistencias para llegar al Océano Pacífico y no en una lógica de desarrollo de supremacía del humano sobre la naturaleza.
 
Los hechos ocurridos en agosto de 2019 marcaran una diferencia significativa de la vida en la tierra tal cual la conocemos, ¿existirá una conciencia, por parte de los responsables de los incendios, sobre las implicaciones de los mismos para todas las formas de vida en la tierra? No sorprendería que sí, pues al parecer son hechos provocados; la cruel verdad se expresa en los indígenas que hoy lloran su hogar sagrado. ¿Cómo funciona una lógica donde se intenta ocultar, que para vivir en este planeta dependemos del desarrollo de los ciclos fundamentales, como el del agua? ¿Cómo se pretende ignorar que sin la selva no habrá la oferta suficiente de oxígeno, que es fundamental para la existencia de los seres humanos?
 
Algunos investigadores aseguran que nos enfrentamos a un punto sin retorno (5), en donde la vida en la tierra se modificará drásticamente, lo que podría implicar la extinción del humano como especie.
 
Al parecer no hemos advertido los efectos de años de explotación, consumo y deforestación. Ecosistémicamente el planeta depende y funciona, por la circulación de la materia y la energía, eso genera unas condiciones idóneas para la vida tal como funciona hoy en día, a eso se le ha llamado “el equilibrio dinámico” que es tan perfecto, que posibilita, por lo menos en el sistema solar, que este sea el único planeta, con tal diversificación en las formas de vida.
 
Ese equilibrio es posible gracias a la resiliencia de los ecosistemas, o la capacidad de estos a recuperarse a una eventualidad natural. Si miramos el planeta como un ecosistema completo y complejo, podremos saber que, si alguna de sus partes sufre un fuerte cambio, esto afectará la dinámica planetaria. En un artículo del Instituto Humanitas Unisinos, publicado el pasado mes de agosto, en una entrevista a Jêronimo Sansevero, el investigador advierte de las consecuencias de los incendios (6), en la selva amazónica y de las diferentes acciones antrópicas sobre el ecosistema.
 
El investigador hace un análisis de lo que significan ecológicamente estas afectaciones en el ecosistema, usando analogías para su explicación y que pueden entenderse de una mejor manera, sugiriendo que el impacto de la deforestación, la minería, la agricultura y la ganadería sobre la naturaleza, es similar a un trauma psicológico en los humanos, (algunas se superan con dificultad, otros no se superan jamás). Sansevero afirma que estos incendios tienen un impacto directo sobre los gases efecto invernadero:
 
“El fuego transforma el material orgánico en inorgánico, generando una bomba de nutrientes que las plantas y el suelo no consiguen absorber, así que esta bomba va a dar al río…” (Sansevero, 2019).
 
Eventualmente, el proceso de combustión genera un incremento en los gases efecto invernadero, lo cual influye drásticamente en un aumento de la temperatura de la tierra, empeorando el “calentamiento global” (Efecto del capitalismo, curiosamente desconocido por el actual presidente de los Estados Unidos, Donald Trump).
 
Ahora bien, analicemos lo siguiente: el amazonas es el bosque tropical más extenso del mundo, el 40% de la extensión del sur de América, de ese porcentaje un 8% es territorio indígena 1, debido al arrastre de sedimentos y formación geológica, es una fuente rica en petróleo, pero además es el ecosistema terrestre que produce la mayor cantidad de oxígeno, mueve la mayor cantidad de vapor de agua, regula el clima del planeta, y comunica el interior de América con el Océano Atlántico, posee un diversidad biológica y cultural desbordante y es indispensable para la supervivencia de algunas especies endémicas del Amazonas (delfín rosado).
 
Sin embargo, parece que vale más, proyectos de hidroeléctricas, extracciones minerales, deforestación, hidrovías, agricultura y ganadería, que, podrían ser necesarias. Su producción masiva y la acumulación privada de capital que generan no permiten que haya una distribución justa de las ganancias de dichos productos en las economías de ninguno de los países que hacen parte de la selva.
 
Los indígenas que la habitan, entendieron hace mucho más sobre el equilibrio dinámico, algunos como los Waorani creen que es una conexión espiritual no netamente física, ellos y ellas saben que el ser humano depende de una relación justa con la tierra, relación que el capitalismo fracciona con sus carreteras, partiendo la selva.
 
Como el final del Apocalipsis, al mejor estilo bíblico, se viven los últimos días. Pareciera que no se comprendiera la situación tan alarmante que suponen los hechos ocurridos en el último siglo. La pérdida de la biodiversidad significa la pérdida del intercambio genético, fundamental para garantizar la reproducción de las plantas que son base de nuestra alimentación, esa misma pérdida implica la desaparición de especies que conectan el ecosistema de selva con el resto del sistema planetario, las funciones ecológicas de cada ser son tan importantes, que sus afecciones podrían significar la extinción segura de la raza humana, la sentencia parece escrita en contra de nuestra propia voluntad, pero con una respuesta de silencio administrativo positivo.
 
¿Será este el punto sin retorno, camino a la quinta extinción? ¿Omitiremos el ecocidio y no reclamaremos justicia ambiental? De ser así, dejaremos que la selva se hunda en un profundo grito de violencia.
 
NOTAS:
 
(1) Ver en https://encrucijada.amazoniasocioambiental.org/story
 
(2) Ver en: https://www.elespectador.com/noticias/cultura/exterminio-indigena-luego-el-de-la-amazonia-articulo-878049
 
(3) Profundizado por RAISG en: https://encrucijada.amazoniasocioambiental.org/story/la-perdida-de-la-amazonia
 
(4) Véase en: https://cedins.org/index.php/2019/07/18/durante-millones-de-anos-el-amazonas-fluyo-hacia-el-pacifico/
 
(5) Según el articulo de: http://www.ihu.unisinos.br/591894-desmatamento-na-amazonia-e-perda-irreparavel-diz-especialista-em-recuperacao-ambiental
 
(6) Véase en: http://www.ihu.unisinos.br/591894-desmatamento-na-amazonia-e-perda-irreparavel-diz-especialista-em-recuperacao-ambiental

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2020-01-14