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CONECTIVIDAD, PRODUCTIVIDAD, COMPETITIVIDAD Y DEFORESTACIÓN EN EL GUAVIARE Y LA AMAZONÍA COLOMBIANA
Por: Julio Roberto del Cairo, miembro de CINDAP, aliado PID Amazonía

“… para las vigencias 2019 y 2020 el Gobierno…, tiene proyectadas intervenciones en la infraestructura para mejorar la conectividad y competitividad del departamento de Vaupés, con recursos provenientes de OCAD PAZ y del Programa Colombia Rural, entre otros, por más de $20.000 millones“[1]

“El INVÍAS, adelanta gestiones para obtener financiación por medio de mecanismos alternos que permitan priorizar proyectos para apalancar el desarrollo de las zonas rurales, mejorando los niveles de competitividad y productividad de las regiones, fortaleciendo el desarrollo económico”[2]

Estos dos apartes originados en la visita del Presidente Duque al departamento del Vaupés en días pasados, demuestran el nivel de conocimiento por parte de nuestros entes gubernamentales y gobernantes, sobre muchas de las problemáticas regionales.

Hoy en día todo se refiere a conectividad, competitividad y productividad. Son las palabras de moda. Y todas también están relacionadas con los niveles de deforestación que día a día impactan, abrumadoramente, al ecosistema amazónico. Esto es así porque los funcionarios creen que la verdad sobre el quehacer del país se genera en sus “centros de pensamiento institucionales” y no en las regiones. Y al desconocerlas la verdad se distorsiona de manera notoria.

¿Por qué los criterios de Competitividad, Productividad y Conectividad, con una de sus consecuencias (deforestación), tienen que ser los mismos que se plantean genéricamente para el resto del país, sin ningún trabajo de acercamiento a las particularidades, limitantes y potencialidades de cada territorio específico? Y más aún, con indicadores absurdos para estos territorios que no permiten discernir si las resultantes, por ejemplo, de un ejercicio de integración de las agendas de Competitividad y Ciencia, Tecnología e innovación, podrán ofrecerle algo positivo al departamento y a la región.

No podemos entender cómo pueden pensar que la Amazonía y su futuro deban estar ligados al sector primario de la economía, transformando sus recursos naturales en productos primarios no elaborados, que sirvan de materia prima para otros procesos. Esto es totalmente absurdo. Veamos:

“En el imaginario colectivo, la Amazonia es un territorio intocado, remoto, ignoto, peligroso y con una naturaleza uniforme, agresiva y fuerte que es necesario vencer, que se ha ido incorporando a la vida nacional, mediante modelos de aprovechamiento propios de otras zonas del país con condiciones ambientales y sociales diferentes. Sus condiciones ambientales no permiten la transferencia exitosa de estos modelos. Es una región con una naturaleza muy rica, heterogénea y frágil, habitada desde hace miles de años, cuyo aprovechamiento depende en muy buena medida del conocimiento y la investigación de sus características biogeográficas y socioeconómicas enriquecidas e integradas con los conocimientos y saberes tradicionales.”[3]

La principal política pública estratégica para la región amazónica es la conservación de sus recursos y ecosistemas. En todos los escenarios futuros previsibles, la Amazonia pierde cobertura boscosa con deterioro de sus ecosistemas. Esta riqueza natural universal, nacional y regional debe ser conservada. No existe hoy ninguna apuesta de desarrollo que justifique su destrucción. Considerarla como un área reservada para el futuro es una gran inversión nacional. Entenderla como un territorio destinado a la producción de bienes y servicios ecosistémicos de alcance nacional, regional y global, para lo cual la conservación de su biodiversidad es esencial.”[4]

Dentro de la dupla competitividad - productividad, el Factor ambiental tiene un valor doble y opuesto. Si entra a jugar como: el territorio posee muchos recursos naturales para ser explotados, adquiere un valor competitivo incidente e importante dentro de los conceptos económicos imperantes en el país y en el mundo (Pero por un tiempo limitado hasta que los recursos naturales se agoten). O, el territorio posee muchos recursos naturales para ser conservados, que le quita todo su valor en términos de un valor agregado a un producto final que proviene de la transformación del recurso natural en un bien comercial. Pero a los ojos de las necesidades de la humanidad en torno a los efectos devastadores del Cambio Climático, pérdida de biodiversidad, deforestación, déficits hídricos etc., que tienen y tendrán mayor incidencia y efectos negativos en la medida del paso del tiempo, adquiere su real valor.

 
El valor competitivo del Guaviare y de todos los territorios amazónicos está en relación directa a los índices de conservación y protección de sus recursos naturales. Es urgente que el Departamento y la Nación cambien su visión respecto a la Amazonía. Estas tierras deben ser Reservas de Vida, tanto por la dinámica interna de sus ecosistemas que benefician, aún, al mundo entero, como también por el soporte que puede ofrecerle a una sociedad que las habite y las protege, teniendo índices crecientes de Calidad de Vida y Desarrollo, totalmente fundamentados en la sostenibilidad ambiental.
 
Aún seguimos mirando a la Amazonía como la proveedora de una serie de recursos principalmente mineros, petroleros y madereros, es decir, el extractivismo iniciado a finales del siglo XIX con la quina, las pieles, el caucho, etc., sigue en todo su esplendor, añadiéndosele ahora, la explotación de ganado y coca, las cuales se pueden ubicar dentro del mismo marco. Los gobiernos nacionales y locales no han entendido aún, que la única posibilidad de intervenir la Amazonía (o gran parte de ella), es con forestería (Estudio de especies y determinación de la viabilidad económica de explotaciones de Productos no maderables del bosque) y agroforestería (Introducción en áreas degradadas, de cultivos agroforestales con especies nativas, en arreglos productivos diversos que acudan a la premisa de “sustitución de un bosque por otro bosque”, llevando las condiciones del suelo a sus niveles originales o muy parecidos a estos)

“La débil e inadecuada presencia del Estado en la región, conlleva una gobernanza muy pobre del territorio, debida en buena medida al desconocimiento nacional de las características y problemáticas de la región, a la carencia de coordinación entre las instituciones regionales y a la corrupción pública. Esta carencia de gobernanza ha originado vacíos de poder, dando pie al surgimiento de espacios libres para las actuaciones incontroladas de las fuerzas del mercado, muchas veces ilegales, basadas en la destrucción y el saqueo de sus recursos naturales, como la explotación insostenible de los recursos minerales e hidrobiológicos, el tráfico ilegal de fauna y flora y los cultivos de coca ligados a la presencia de grupos subversivos”[5]

Con este contexto es absurdo, ilógico, engañoso e inconsecuente, que el actual gobierno se plantee la deforestación en términos de no dejarla crecer por encima de 300.000 hectáreaExtensión de tierra correspondiente a una dimensión de 100 metros por 100 metros.  Se estima que la deforestación de esta área emite aproximadamente 400 toneladas de carbono.s año (teóricamente 20.000 hectáreaExtensión de tierra correspondiente a una dimensión de 100 metros por 100 metros.  Se estima que la deforestación de esta área emite aproximadamente 400 toneladas de carbono.s más de las que se deforestaron en 2018), que ya de por sí es una cifra exorbitante. Implica que le están dando patente de corso a los deforestadores para que continúen haciendo de las suyas sin que nadie los detenga.  Es como si ante el hecho de que en el 2018 en la Guajira hubiesen muerto por desnutrición, digamos, 100 niños, el gobierno planteara que su meta de afectación de este flagelo sea que en el año 2019 no debieran morir más de 110 niños.

El centro no quiere compatibilizarse o conectarse con la Amazonia, no quiere entender su importancia nacional y global. Lo único que importa son los excedentes económicos que supone su explotación demencial, aunque ni todo el oro del mundo podrá comprar las gotas de agua para saciar la sed en las gargantas resecas de aquellos que permitimos, por acción u omisión, que sucediera lo que está sucediendo. Este siempre ha sido y será territorio para el extractivismo, pero no por mucho tiempo, solamente hasta que sus recursos naturales se agoten y nos encontremos con tierras yermas y estériles después de haber tenido frondosos y voluptuosos bosques, ríos grandiosos y una biodiversidad pululante y enriquecedora.
 
 
 

[2] Op. Cit.
 
[3] https://www.cepal.org/sites/default/files/news/files/amazonia_posible_y_sostenible.pdf
 
[4] Op. Cit.
[5] Op. Cit.

*Foto portada: Julio Botella

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2019-11-05