PID AMAZONIA PID AMAZONIA
PID AMAZONIA

“EL PRINCIPIO DE PRECAUCIÓN”. UNA HERRAMIENTA PARA INCIDIR SOBRE LA DEFORESTACIÓN IMPULSADA POR EL ESTADO A TRAVÉS DE PROYECTOS MINEROS, ENERGÉTICOS, VIALES, PETROLEROS, AGROPECUARIOS, ETC.
Por Julio Roberto del Cairo, miembro de CINDAP, Aliado PID Amazonía

Ley 1523 de 2012, artículo 3o., numeral 8o.

Principio de precaución: Cuando exista la posibilidad de daños graves o irreversibles a las vidas, a los bienes y derechos de las personas, a las instituciones y a los ecosistemas como resultado de la materialización del riesgo en desastre, las autoridades y los particulares aplicarán el principio de precaución en virtud del cual la falta de certeza científica absoluta no será óbice para adoptar medidas encaminadas a prevenir, mitigar la situación de riesgo.

Existen en Colombia un gran número de normas jurídicas, que contemplan todas las relaciones sociales y todos los hechos posibles que puedan distorsionar el Ordenamiento Jurídico de nuestro país, que contravengan la Constitución Nacional y por ende  a los derechos y deberes de todos nuestros connacionales. 

Pese a ello; a que existe una normatividad amplia que cubre hasta los mas pequeños resquicios de la acción social (que nominalmente la orienta y la limita imponiendo castigo a las acciones contrariantes), lo que teóricamente ejerce una influencia positiva sobre el control de las sociedades que conviven al interior de sus fronteras; no se encuentra el hilo conductor que lleve a que estas sociedades actúen dentro del marco de la Ley estatuído. Y estas sociedades también están conformadas por los Legisladores, Gobernantes y el poder Ejecutivo de nuestra nación.  Veamos su expresión considerando tan sólo un artículo de la Constitución:

Artículo 79. “Todas las personas tienen derecho a gozar de un ambiente sano. La ley garantizará la participación de la comunidad en las decisiones que puedan afectarlo. Es deber del Estado proteger la diversidad e integridad del ambiente, conservar las áreas de especial importancia ecológica y fomentar la educación para el logro de estos fines.”[1]

Pero independiente de estos planteamientos contenidos en la Carta Magna de nuestro país, de la obligatoriedad de su cumplimiento, la cual va mucho mas allá del complejo hecho de mantener un ambiente sano y de la protección de su diversidad e integridad, la situación rebasa cualquier consideración cuando lo que está en juego es la pervivencia misma del ser humano sobre la Tierra. Es decir que se trascienden fronteras a nivel global, a niveles tan grandes y preocupantes que ya se denominan “extinción” y nosotros seguimos mirando hacia “otro lado”, como si la cosa no tuviera que ver con nosotros.

“…parecería que aún existe un poco de mesura en la aplicación del Principio de Precaución, y que además, no se han atendido los conceptos doctrinales enunciados por la doctrina nacional y foránea en esta materia. Igualmente, parecería que continúa prevaleciendo el desarrollo económico de los pueblos sobre el desarrollo sostenible del medio ambiente, pues el Principio de Precaución en su esencia, naturaleza y prescripción legal requiere de medidas inmediatas, urgentes y precautorias para evitar cualquier daño o amenaza de daño al medio ambiente.”[2]

Nuestros interéses personales están primando sobre la Constitución y la Ley. Es mas importante el desarrollo económico que privilegia a algunos pocos, en una errónea concepción de desarrollo, que la puesta en práctica y la materialización del concepto de Desarrollo Sostenible, que es abierta a una utilización indefinida en el tiempo de los Recursos naturales. Los territorios amazónicos deben hacer primar ante el Estado que cuando se hable de desarrollo económico de las regiones se esté haciendo referencia al desarrollo sostenible, que podrá tener rendimientos económicos para las comunidcades inmersas en su “utilización”, muy superiores a las del desarrollo económico formal, con la garantía de que los recursos naturales permanecen incólumes, en franca armonía con la intervención antrópica regulada en sus ecosistemas.

El “Principio de Precaución” debe convertirse en una bandera para los territorios amazónicos y para tantos otros sitios al interior del país en los cuales los recursos naturales están siendo amenazados y destruídos para siempre, respaldándose en la peregrina concepción de que se está generando empleo y le están entrando por concepto de regalías al país un pírrico 0.4% de los ingresos netos de las empresas explotadoras.

Explotemos la economía amazónica en la venta permanente de servicios ambientales, que contribuyan en el mejoramiento paulatino de la calidad de vida de las poblaciones allí asentadas y en la conservación perpetua de los recursos ambientales que estos territorios poseen. “Todo el mundo”, literalmente hablando, se verá beneficiado por este cambio en la concepción del desarrollo.

Este principio es una herramienta que le da el poder a las comunidades para definir el accionar de las grandes empresas transnacionales que poco les importa que se destruyan los recursos naturales en un país que no es el de ellos, aunque deberían tener en cuenta que sus implicaciones les van “subiendo pierna arriba” y son tan arrogantes que no se dignan bajar la mirada para darse cuenta que también están atados a esta tierra y que las consecuencias de este actuar irracional, tristemente, le dá valor a las frases:

“La muerte es la única cosa realmente democrática de este mundo, la única que no discrimina quién eres, ni de dónde vienes, de qué color eres o lo que sea que hagas.[3]

“La muerte es democrática, ya que a fin de cuentas, güera, morena, rica o pobre, toda la gente acaba siendo calavera” José Guadalupe Posada.[4]

*Foto portada: Julio Botella
Artículos
2019-11-05