TURISMO DE NATURALEZA EN LA AMAZONÍA: ¿SÍ O NO?
Escrito por: Roberto Gómez
 
El turismo de naturaleza, desarrollado alrededor del patrimonio natural de la región y con criterios estrictos de sostenibilidad ambiental e inclusión social, sí es una opción viable para el desarrollo económico y el mejoramiento de las condiciones de vida de la población en la Amazonía Colombiana, por el potencial que tiene tanto de generar recursos para la conservación y restauración de las áreas de especial interés natural, para el fortalecimiento y la protección de la diversidad cultural, y para el incremento del ingreso familiar, como de mejorar el conocimiento y el interés de la ciudadanía colombiana sobre los ecosistemas amazónicos.

En medio de la discusión nacional sobre la conveniencia o no de realizar actividades ecoturísticas en las áreas protegidas del país, en el contexto de post conflicto, generada por la intención del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo de fortalecer y primer este sector en las áreas del sistema de Parques Nacionales Naturales (discusión aún no zanjada, pero que ha disparado las opiniones y criterios más dispares en el país), es conveniente tomar un poco de distancia y, sin apasionamientos, discutir el porvenir de esta actividad en el contexto geográfico de la Amazonía, una de las zonas de mayor riqueza natural y cultural del país, pero también una de las que cuenta con mayores niveles de pobreza, menores niveles de actividad económica formal, y menor presencia de instituciones y organizaciones públicas y privadas, y por ende con las condiciones menos favorables, en apariencia, para desarrollar un sector turístico convencional.

Sin embargo, estas condiciones, sumadas a la existencia, desde hace varios años, de un marco de políticas nacionales para la promoción de ciertos subsectores - como el ecoturismo o el turismo de aventura -, y de normas técnicas para la prestación de servicios con criterios estrictos de sostenibilidad ambiental, económica y social, crean un entorno más propicio para el desarrollo de una actividad turística de nicho, alrededor del patrimonio natural y cultural de la región, con una participación central de las comunidades locales (campesinas e indígenas) como gestores de la misma, y con un encadenamiento de servicios locales que permita ampliar el rango de impacto y fortalecer los sistemas tradicionales de producción y consumo.

Ligado al impacto social del turismo, uno de los temas importantes para considerar es que en la Amazonía el turismo puede realizarse con especial énfasis alrededor de áreas privadas, territorios colectivos, o incluso áreas protegidas de carácter regional, que cuentan con atractivos suficientes y con condiciones de aptitud del territorio para ello, ya que, de las 13 áreas protegidas del SPNN existentes en la región, solo el parque nacional natural Amacayacu, en el departamento de Amazonas, tiene condiciones para la prestación de servicios ecoturísticos, aún si en este momento, y desde 2012, algunas actividades se encuentran restringidas por el deterioro que sufrieron sus instalaciones en las inundaciones de dicho año.

De todas formas, para que este turismo se convierta en una opción viable, es importante superar las barreras que nacionalmente existen en materia de promoción, además de algunas de carácter local como las dificultades de conectividad física (terrestre, aérea o fluvial) de las áreas de interés, la escasez de algunas capacidades locales claves para la prestación de servicios (bilingüismo, formación técnica en oficios relacionados con el turismo, conectividad digital), la eventual presencia de actividades ilícitas que generen un clima de incertidumbre a los turistas, y la escasa red de integración y comercialización de los servicios.

Es importante tener presente que esta clase de turismo no constituye la panacea que soluciona todos los problemas económicos y sociales de la región y sus comunidades, y que no todos los municipios de la región, a pesar de contar con ciertos atractivos naturales de relativa importancia, tienen las mismas oportunidades ni ventajas competitivas para participar de ella.  Aún si prácticamente la totalidad de los departamentos han incluido el turismo como una de las apuestas principales de sus agendas de competitividad, y si la mayoría de los municipios contemplan el turismo dentro de sus planes de desarrollo, es preciso priorizar aquellos en los cuales las barreras existentes pueden ser superadas rápidamente y no tardarán años en hacerlo.

La tarea no es fácil, pero en un escenario de fin del conflicto armado, de creciente presencia del Estado y de incremento de la actividad económica formal, el turismo sí puede constituir una actividad que pueda ser alternativa a otros usos del territorio y, a la vez, contribuya a mejorar la sostenibilidad ambiental del territorio y a reducir las presiones sobre ecosistemas que son fundamentales para el país y el planeta.
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2017-04-25