PALABRAS... TAN SOLO PALABRAS...
Escrito por: Julio Roberto del Cairo
 
De la perplejidad y asombro, ante el desquiciado accionar humano sobre los ecosistemas amazónicos, destruyéndolos y transformándolos en futuros eriales y tierras improductivas, se debe pasar al susto, por las gravísimas implicaciones que ello tiene en el futuro de la humanidad.

Ya en febrero de 2017, ante las gravísimas y notorias afectaciones a los ecosistemas amazónicos, con bombos y platillos se puso en funcionamiento la “Burbuja Forestal”, para tratar de frenar los efectos devastadores de la intervención antrópica en la Amazonía:
“En el departamento del Guaviare, se conforma la Burbuja ambiental. Fuerzas armadas, autoridades ambientales y públicas del departamento del Guaviare, articuladas en el ejercicio de control forestal, actuarán de manera inmediata y efectiva para generar resultados para la judicialización de casos contra el delito ambiental”[1].

La estrategia Burbuja Forestal, es una estrategia militar que además de brindar apoyo en la reacción oportuna ejerce una dinámica preventiva de tal manera que no se generen impactos y daños ambientales.  “Esta creada en el departamento del Caquetá como burbuja piloto y actualmente se origina en el departamento del Guaviare, es un hecho histórico donde el estado las fuerzas militares y autoridades ambientales actúan de manera armónica, rápida y eficiente” explica Hugo García Asesor del MADSMinisterio de Ambiente y Desarrollo Sostenible.”[2]
 
A partir de la estructuración de esta instancia y más de un año después de la misma, sus resultados reales son evidentemente magros. Al cabo de unos pocos días de su creación, a principios del año pasado, se refirió la captura de un “deforestador”, con motosierra incluida, cuya foto inundó algunos medios de comunicación locales y nacionales.
 
Posterior al sobrevuelo que efectuó el Presidente J.M. Santos al regreso de su correría por  Chiribiquete, a principios de este año, cuando puso su grito en el cielo al ver las densas columnas de humo que ascendían provenientes de múltiples quemas en los bosques amazónicos del Guaviare, emplazó a su Ministro de Ambiente y a algunas otras personalidades a que se creara un frente de atención inmediata con el ánimo de controlar, directamente en el terreno, los múltiples incendios forestales del departamento. Se capturaron, entonces, cinco jornaleros “deforestadores” cuyas reseñas y fotografías nuevamente inundaron los medios.
 
A pesar de estas capturas, antes y aún después de ellas, miles de hectáreaExtensión de tierra correspondiente a una dimensión de 100 metros por 100 metros.  Se estima que la deforestación de esta área emite aproximadamente 400 toneladas de carbono.s han caído y seguirán cayendo bajo el ensordecedor ruido de las motosierras. Y quienes son capturados, al igual que lo que ocurre con la producción de la coca, son los campesinos o jornaleros que con el ánimo de generar un ingreso económico para sus familias, pasan a sufrir las consecuencias de un fenómeno, que en la mayoría de los casos, tan sólo significa la diferencia entre sucumbir o supervivir en estas tierras.
 
Un campesino puede derribar una o dos hectáreaExtensión de tierra correspondiente a una dimensión de 100 metros por 100 metros.  Se estima que la deforestación de esta área emite aproximadamente 400 toneladas de carbono.s, seguramente algo más, pero ¿en dónde están los controles y capturas para aquellos que, escondidos en las ciudades, pagan y ordenan, para la apropiación y deforestación de miles de hectáreaExtensión de tierra correspondiente a una dimensión de 100 metros por 100 metros.  Se estima que la deforestación de esta área emite aproximadamente 400 toneladas de carbono.s de bosque virgen amazónico?
 
¿Quién los persigue a ellos?, ¿Quién investiga sus conexiones y entramados? Denuncias existen expresas y claras, al igual que anónimas, que cada día inundan a los entes de control y autoridades ambientales: Que allí 500 hectáreaExtensión de tierra correspondiente a una dimensión de 100 metros por 100 metros.  Se estima que la deforestación de esta área emite aproximadamente 400 toneladas de carbono.s, que en el otro lado 350, que más allá 700. Se plantean entonces soluciones mágicas: Prohibir las motosierras, como si eso fuera una solución. En las épocas duras de la coca en el Guaviare se prohibieron el tránsito y comercialización de los insumos básicos para la transformación de la coca: Gasolina, Cemento, ácidos etc., y ello no incidió un ápice en la disminución de los volúmenes de cocaína producidos. Los insumos tomaron otros caminos, de pronto más difíciles o costosos, pero los insumos de procesamiento siguieron llegando a los predios de forma tan normal y periódica como lo era antes de la prohibición.
 
La venalidad, la trampa, el engaño por un lado y la sagacidad y el arrojo derivado de la necesidad fueron los vehículos que sirvieron para sobreponerse a las restricciones impuestas por el Estado y mantener el statu quo de ilegalidad y producción coquera.
 
¿Quien puede controlar en un territorio como el Guaviare o de cualquier otro lugar de la Amazonía la existencia, tenencia y uso de esta maquinaria?  No parece ser que este tipo de medidas tenga algún impacto sobre las ansias deforestadoras de algunos sectores poblacionales. Son medidas reactivas, sin fondo y sin piso, cuando teóricamente existe una legislación sólida y coherente que cubre y tipifica todas estas contravenciones y debe exigirse el delegar en ella, como debe ser, el control de la deforestación y del impacto ambiental abusivo que se suscita por la codicia y el desconocimiento.
 
La aplicación irrestricta de la Ley debe ser el fundamento de las acciones de control de la deforestación y del daño de los recursos naturales. No es prohibiendo la existencia de máquinas, porque en pocos días también se deberían prohibir las hachas, machetes y sierras que con ellas también se deforesta. Lo que hay que detener es la actitud humana de no valoración de los recursos naturales y eso sólo se logra, en estos momentos, con el endurecimiento y aplicación de la normatividad.
 
El ejemplo que debe dar el Estado en lo que corresponde al respeto de los Recursos Naturales es otro puntal importante para buscar la transformación actitudinal de la sociedad. No es con actuaciones y políticas contradictorias que se va a lograr ese cambio:
 
“No se debe permitir que el vacío que dejó las Farc en varias regiones lo ocupen de nuevo grupos criminales que se aprovechen de la ausencia estatal. Al mismo tiempo, se debe tomar en serio que el doble discurso del Estado colombiano no funcionará. No se puede frenar la deforestación –como propone el Estado en la visión Amazonia 2020, un proyecto importantísimo y emblemático en el papel y en el discurso público– y al mismo tiempo tratar de vender los recursos naturales a empresas de minería y petróleo, sean nacionales o multinacionales.”[3]
 

[1] cda.gov.co/es/noticias/en-guaviare-se-conformo-la-burbuja-ambiental
[2] cda.gov.co/es/noticias/en-guaviare-se-conformo-la-burbuja-ambiental
[3] http://m.eltiempo.com/vida/medio-ambiente/impacto-de-los-incendios-forestales-en-la-amazonia-colombiana-195020

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2018-04-27