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LEYES, NORMAS Y REGULACIONES AMBIENTALES EN COLOMBIA: ¿UN PAÍS QUE NI RAJA NI PRESTA EL HACHA?
Escrito por: Julio Roberto del Cairo

La consideración e implementación de los aspectos legales, normativos y regulatorios en cualquier sector de nuestra sociedad, es inversamente proporcional a la ausencia de control estatal pero directamente proporcional a la cantidad de dinero que se posea: todo se compra y todo se vende. No solamente las usuales transacciones económicas, sino también las conciencias y los fallos judiciales de acuerdo al mejor postor.

El imperio del caos, donde prevalece la indolencia estatal y la sed insaciable de riqueza individual, no es ajeno a la Amazonía. A pesar de la normatividad existente que restringe acciones de ocupación sobre territorios de altísima fragilidad y gran biodiversidad –que a su vez proveen incalculables servicios ambientales– varios territorios amazónicos han quedado expuestos a la acción predadora de la colonización, sin que la voz de quienes procuran la preservación de estas zonas sea escuchada. Por el contrario, muchas veces es acallada por las denominadas “fuerzas oscuras” al servicio del gran capital. Miremos algunos detalles a continuación.

El valor biológico de la La Macarena es indicutible. Su contribución al desarrollo y la evolución de la vegetación y la fauna de origen guyanense, amazónico, andino y orinocense se expande a la Zona de Preservación Serranía de La Lindosa y a la Zona de Preservación Vertiente Oriental, que forman parte del Área de Manejo Especial de La Macarena. Para algunos investigadores, es un ecosistema estratégico depositario del patrimonio natural más representativo de la biodiversidad colombiana.[1] En concordancia con lo anterior, desde los años 60´s la Universidad Nacional y múltiples centros de investigación han desarrollado investigación biológica sobre sus inmensas riquezas naturales.

Aunque la Serranía de La Macarena, fue declarada Reserva Biológica de la Humanidad, actualmente se encuentra totalmente sitiada por la colonización que ya alcanzó sus estribaciones. Miles de hectáreaExtensión de tierra correspondiente a una dimensión de 100 metros por 100 metros.  Se estima que la deforestación de esta área emite aproximadamente 400 toneladas de carbono.s del área original ya han sido transformadas en extensas zonas de pradera y nadie ha hecho nada. Al parecer a nadie le importa.

Aunque la región forma parte de la Zona de Reserva Forestal de la Amazonía (Ley 2ª. De 1959), viene siendo atacada por sus flancos occidental, sur occidental y norte en gran medida por una colonización cocalera desbordada. Las zonas intervenidas también se proyectan hacia el sur y el oriente (Caquetá, Putumayo, Guaviare). Los paisajes se están transformando en forma radical, afectando inmensamente el equilibrio natural, particularmente los cauces naturales de los principales ríos y caños, la columna vertebral que forman a manera de “espina de pescado”, está siendo ocupada y densificando lenta y peligrosamente. Y nadie hace nada.

Los Distritos de Manejo Integrado de los Recursos Naturales (DMI) se configurarán como un “espacio de la biosfera que, por razón de factores ambientales o socioeconómicos, se delimita para que dentro de los criterios del desarrollo sostenible se ordene, planifique y regule el uso y manejo de los recursos naturales renovables y las actividades económicas que allí se desarrollen”.[2] Sin embargo, casi tres decadas después de promulgado el Decreto y de establecerse el DMI del departamento del Guaviare, las 482.000 hectáreaExtensión de tierra correspondiente a una dimensión de 100 metros por 100 metros.  Se estima que la deforestación de esta área emite aproximadamente 400 toneladas de carbono.s sustraídas bajo esta figura, están mayoritariamente deforestadas y praderizadas.

El caso de la Zona de Preservación de la Serranía de La Lindosa, en el Departamento del Guaviare, no es distinto. La Zona fue declarada como tal en 1989, con la siguiente connotación: “[e]ntiéndase por preservación la acción encaminada a garantizar la intangibilidad y la perpetuación de los recursos naturales dentro de espacios específicos del Distrito de Manejo Integrado de los Recursos Naturales Renovables (DMI).”[3] Esta área, como se apuntó anteriormente, es una prolongación de las particularidades de la formación de la Serranía de la Macarena, aunque cuenta con un altísimo contenido de biodiversidad y riquezas arqueológicas y paisajísticas difíciles de traducir en palabras, hoy en día se encuentra acorralada totalmente por la colonización, que desde hace muchos años ocupa sus alrededores pero también su interior.

A pesar de las leyes, normas y decretos existentes para orientar una ocupación antrópica sostenible de estos suelos, en la región cada quien hace lo que se quiere y nadie hace nada. Existe una normatividad y reglamentación muy explícita, coherente y bien estructurada que resulta inútil a la hora de orientar las acciones de ocupación que se llevan a diario sobre este territorio.

Por si fuera poco, la regulación relacionada con las Unidades Agrícolas Familiares (UAF) que fijan las áreas máximas y mínimas que deben tener los predios en el territorio, es también “desconocida” por compradores y vendedores, violándose las determinaciones establecidas bien sea referente a sus mínimos o sus topes.

El problema ya fue abordado en el artículo de “Concentración de Tierras en el Guaviare”, sin embargo, sea esta la oportunidad para profundizar el tem de la fragmentación de la propiedad. Este fenómeno se está presentando en la parte Norte de la Serranía de La Lindosa, sobre la vía nacional que conduce a Villavicencio y en las áreas orientales de la Serranía, en el municipio de San José, en cercanías a la vía que comunica con el municipio de El Retorno.

Buena parte de los predios allí establecidos se incluyeron dentro del mercado de tierras, fragmentando posesiones que hace unos años cumplían los requisitos previstos por la UAF correspondiente. Hoy, ante la mirada impasible de todos, se están loteando esos predios a niveles inverosímiles, en áreas aproximadas a las de un lote urbano en San José del Guaviare, contrariando todo lo descrito previamente: DL 1989/89; Zona de Reserva Campesina; Distrito de Manejo Integrado; PBOT; y Plan de Manejo del DMI. Peor aún, en contravía de las normas no escritas que hace parte del sentido común:  la convivencia con el medio natural. Una vez más, nada importa para ellos: ni las leyes y normas, ni el sentido común. Lo único importante es acumular mayores cantidades de dinero, sin importar como se obtenga, amparados en dádivas y sobornos para poder seguir manteniendo su insaciable afán de lucro.

Si muchas veces no importa una vida humana, mucho menos importa la naturaleza. El entendimiento de los recursos naturales como objetos de explotación y provecho infinito, hace que con el fin de satisficar sus necesidades de riqueza, se pase por encima de cuantas personas y especies haya que hacerlo. La naturaleza como una mercancía más, sin regulación alguna, donde las unicas leyes y normas relevantes, son las que me favorecen.

Sólo cuando se haya talado el último árbol, envenenado el último río, pescado el último pez, sólo entonces descubrirá el hombre blanco que el dinero no es comestible. (Proverbio Indígena Cree (Canadá))
La tierra proporciona lo suficiente para satisfacer las necesidades de cada hombre, pero no su codicia. (Ghandi)
 

[1] https://viajallano.wordpress.com/atractivos-turisticos/pnnsm/datos-generales-del-parque-nacional-natural-sierra-de-la-macarena/
[2] Artículo 2, Decreto 1974 de Agosto de 1989
[3] Decreto 1974 de agosto de 1989. Artículo 7, Numeral 1

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2017-12-04