A VUELO DE PÁJARO: LA AMAZONÍA COLOMBIANA Y EL INTERIOR DEL PAÍS
Escrito por Julio Roberto del Cairo
 
La Amazonía siempre ha sido una región ligada a lo mítico, lo lejano y lo insondable y también a lo impenetrable (física y mentalmente). Estas características se han sostenido en la sociedad nacional durante cientos de años, y desde la comodidad de las casas y fincas en el interior del país, siempre se ha mirado de soslayo ese amplísimo territorio que cubre un 40% de nuestra superficie territorial.

El primer contacto con la Amazonía, para muchos colombianos, fue a través de “La Vorágine”, escrita por José Eustasio Rivera y publicada en 1924, que dio los primeros acercamientos a esa realidad desconocida, envuelta en un velo de misterio, peligros desconocidos, maraña selvática, alimañas y luchas de vida y muerte que cual espada de Damocles, pendían permanentemente sobre la cabeza de sus personajes.

Esos primeros encuentros con la Amazonía, a través de lecturas novelescas sobre el territorio, incrementaron la distancia existente entre la realidad mayormente bucólica de otras regiones del país y la telúrica e inhóspita de la Amazonía. Los poderosos sectores económicos se encontraban consolidando en las fértiles tierras de los valles interandinos las economías cañeras, cafeteras, ganaderas, petroleras, etc., y no les importaba para nada lo que acontecía más allá, en la selva.

El país creció de espaldas a la Amazonía. En las clases de geografía se enseñaban las economías y aspectos sociales de las regiones en donde se encontraba la institución, pero las otras regiones eran tratadas de una manera general y a vuelo de pájaro, que no profundizaba sobre sus riquezas y potencialidades. Más allá de una rápida referencia a sus extensas selvas y el magnífico río Amazonas y posiblemente una ligera referencia a las diversas culturas indígenas que la ocupaban, no se enseñaba nada adicional en las aulas de otras partes del país. Nunca se generó, desde la base educativa, el concepto de la unidad territorial del país y crecimos sabiendo cómo era el centro, mas no la periferia (Amazonía, Orinoquía)

En la actualidad se exponen en la cátedra de sociales los aspectos generales de la nación en sus temáticas orográficas, hidrográficas, económicas, etc., de una forma igualmente superficial, pero ya no existe la especificidad del territorio en donde se encuentra ubicado el colegio. Es decir, ni siquiera en las instituciones educativas del territorio amazónico se están tratando los temas importantes de las particularidades territoriales y su contexto.

¿Si los mismos habitantes de una región amazónica, tan diversa cultural y ambientalmente no conocen las potencialidades y limitantes de sus propias áreas geográficas, que se puede esperar de personas ajenas al mismo y que deben tomar decisiones sobre estos territorios?
Hasta no hace mucho, la Amazonía era considerada como “el patio de atrás de la nación”, en una clara alusión a la disposición de cachivaches y basura en esta área de las casas de la época. Pero a pesar de que la referencia ya no se utiliza, no por ello han cambiado las actitudes y procederes de la sociedad nacional con respecto a este 40% de su territorio. Y lo siguen considerando como algo malo, muy nocivo, con el adicional que ahora allí se albergan los grupos guerrilleros y por ello lo “alejan” de su pensamiento y su sentir, como el padre que repudia a su hijo “bobo”, sin reconocer que es un niño “diferente”, al medirlo con la misma vara con que mide a sus otros hijos.

No se necesita entroncar a la economía regional con la nacional con los mismos productos y sistemas de producción que están desarrollando en el interior del país. Y la vara con que miden estas zonas es la misma que utilizan para medir el desarrollo de otros departamentos del país y por ello se ocupa el último lugar en el desarrollo competitivo nacional a la par con Chocó.

¿Qué lógica tiene que los departamentos más biodiversos del país (Toda la Amazonía y Chocó), sean los más atrasados en el concierto nacional en términos de competitividad?. ¿Esto no nos dice nada? ¿No podemos vislumbrar algo detrás de esta afirmación?
La Amazonía es diferente y como tal debe ser tratada. Deben buscarse alternativas que valoren sus riquezas biodiversas, hídricas, paisajísticas, culturales y que parte de sus suelos sirvan de base económica para las poblaciones que desarrollan sus planes de vida en ellos. No los pongan a producir cultivos comerciales de yuca, caña, arroz, piña, ni plátano y maracuyá, porque estos suelos no sirven para estos propósitos.

Exploremos los productos nativos, arreglos productivos agroforestales sobre los que se pueda soportar la economía de estas zonas. Los cultivos de ciclo corto dejémoslos para la seguridad alimentaria de sus pobladores, en arreglos tipo “chagra” y exploremos las grandiosas posibilidades que ofrece el bosque para múltiples propósitos, (Productos para la industria farmacéutica, cosmética, textil  y alimentaria,  resinas,  aceites esenciales, los invaluables servicios ambientales, tan poco conocidos y tan altamente necesarios para la supervivencia de la humanidad,  etc.), sin afectarlo ni destruirlo y así se obtendrán réditos que beneficiarán a sus pobladores y al resto de los habitantes de la nación y seguramente de gran parte del mundo.

Los afanes para “cerrar la brecha” entre los departamentos del interior del país y la Amazonía colombiana, lleva a cometer este tipo de errores, a partir de los descontextualizados análisis que se hacen, en donde todo se convierte en indicadores numéricos y fórmulas para determinar los grados de avance de cada uno de los departamentos en el marco de la economía nacional, sin entrar a considerar, en ningún momento, que el mayor valor de estos territorios reside en su mega diversidad faunística y florística, producción de aguas, asiento de diversas culturas aborígenes, promisorias zonas para el desarrollo del turismo, etc., para lo cual ni siquiera se han determinado indicadores, ni patrones, ni fórmulas, que lleven a cualificar la verdadera capacidad territorial de esta, aún olvidada región .

 “Queremos que los colombianos vuelquen su mirada más allá del piedemonte andino y se den cuenta de que el Amazonas también existe y es más importante para la sobrevivencia de nuestra especie de lo que podemos imaginar”[1]

“Hay más especies en una hectáreaExtensión de tierra correspondiente a una dimensión de 100 metros por 100 metros.  Se estima que la deforestación de esta área emite aproximadamente 400 toneladas de carbono. de bosque amazónico que en cualquier otro lugar del planeta” (Op. Cit.). 
 
 

[1] http://www.eltiempo.com/vida/ciencia/relevancia-de-la-selva-amazonica-para-bogota-73616
 

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2018-03-01