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LA RESERVA NATURAL TURÍSTICA “EL DANUBIO” EJEMPLO DE CONSERVACIÓN NATURAL DEL BOSQUE AMAZÓNICO
Por: Janeth Bougard

A bordo de un jeep campero y viajando sobre una excelente carretera pavimentada, anduvimos durante 30 minutos atravezando paisajes rurales que oscilan entre parches de hermosos bosques y fincas ganaderas hasta alcanzar el desvío para llegar a la Reserva Natural Turística “El Danubio” en el municipio de Morelia, Caquetá. 



Unos pocos minutos antes de llegar al municipio de Morelia, encontramos un letrero que decía “El Danubio, 3 km”.  En este punto se inició el recorrido a lo que sería compenetrarnos con la zona rural del Caquetá. Tomamos una desviación y en este momento entendimos la razón del tipo de vehículo que nuestras anfitrionas caqueteñas habían escogido para trasladarnos hasta lo más cercano de la reserva.  Por carretera destapada que iba en ascenso y en parte trocha, fuimos descubriendo diferentes paisajes, entre montañosos y selváticos que nos adentraban en el lugar.

Un corto recorrido que nos llevó hasta una planicie donde ya el carro no podía continuar.  A partir de ahora solo se podia avanzar a pie. Entonces llegó la hora de tomar cada uno su equipaje y llevarlo al hombro.  A tan solo unos metros nos topamos un puente colgante de aproximadamente 40 metros de longitud, que atravezaba a casi 20 metros de altura el río Bodoquero. Su apariencia mostraba un buen diseño para todo tipo de peatones, aunque varias personas caminando sobre él hacían que cada paso no fuera del todo seguro. Lo único que hicimos, fue tomarnos de los pasamanos para poder admirar la belleza del río.  Este afluente del río Caquetá, tiene unas aguas transparentes que permiten ver cada una de las piedras en el fondo.



Continuamos a pie por un sendero húmedo y boscoso que nos llevó al refugio que hace parte de la reserva. El refugio consta de dos casa; la primera de ellas es una casa con 6 hamacas disponibles para el descanso de los visitantes y un corredor decorado con troncos en donde florecen orquídeas colombianas. En la segunda casa encontramos un enorme salón con mesas y sillas para tomar un descanso.  Mientras bebimos una helada gaseosa todos los visitantes fuimos alistando el vestido de baño, el bloqueador solar, el repelente, las gafas y la gorra para emprender el ascenso que según Jesús, nuestro guía, tardaría 20 a 25 minutos aproximadamente.

Los chicos del grupo tomaron un neumático inflado para divertirnos en el agua de las cascadas que visitaríamos y emprendimos la subida. Para quienes nos estamos acostumbrados a largas caminatas, el ascenso fue pesado y lento. Mi excusa era la cámara fotográfica, pues desde el principio fui delegada para hacer registro del lugar y sus visitantes. Todos llevábamos cara de exhaltación y sorpresa por los lindos y exhuberantes paisajes que nos rodeaban a cada paso. Algunos trayectos impedían que despegaras los ojos del camino. Un paso en falso podría ocasionar un accidente o una caída estrepitosa varios metros abajo. Por eso, yo prefería detenerme y buscar el mejor ángulo para tomar una buena fotografía del recorrido.

Algunos de los compañeros pudieron adelantarse para llegar al Salto de la Virgen, una cascada de agua con un pozo profundo apto para nadar que permitía disfrutar del sonido del agua cayendo con fuerza sobre los visitantes; algunos se arriesgaron a sentir un hidromasaje en su cuerpo. 

Reposar disfrutando la vista de 360 grados fue muy gratificante, pero más fue sentir el agua helada a medida que entraba en contacto con ella, pues la temperatura del cuerpo está alta producto de la caminata, en mi caso fueron 45 minutos caminando, con mucho cuidado porque mis zapatos estaban algo resbalosos.  Mi cuerpo estaba aún acalorado, de mejillas coloradas, lo que hacía que cada vez que me sumergía sentía la sensación de placer como cuando se calma la sed.

Todo el grupo estaba tan maravillado, que casi nadie hablaba.  Todos disfrutamos de nadar en aguas cristalinas y señalábamos lugares para saltar.  Fueron 2 horas de compartir en un lugar sencillamente maravilloso.
Cuando el hambre se apoderó de nuestros estómagos, decidimos regresar hasta la casa principal.  El regreso de bajada sólo tardó de 15 a 20 minutos, incluidas las fotografías.  Una rica cachama ahumada esperaba por nosotros.  La cachama es un pescado que por su preparación se convierte en un plato típico del Caquetá.  Viene acompañado de patacones y arroz, lo que la convierte más atractiva para el paladar.



Después de este delicioso almuerzo, decidimos descansar unos minutos en la hamaca. Yo continué tomando fotografías y disfrutando del sendero, el clima y el equipo de profesionales que me acompañaban. El regreso a Florencia fue igualmente placentero por el espectacular paisaje que nos acompañó en un atardecer de enero. Definitivamente, recomendado visitar El Danubio.
 
 

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2018-03-16