COMUNIDADES CAMPESINAS EMPODERADAS CON LA PRODUCCIÓN ORGÁNICA DE ALIMENTOS
En el municipio de Belén de los Andaquíes – Caquetá, un grupo de 12 familias campesinas de las veredas Sarabando Medio, Porvenir, Aletones, Las Minas y Mirador realiza cada ocho días el ejercicio de vender los productos de sus fincas  en el mercado local, logrando mejorar sus ingresos mediante el establecimiento de relaciones comerciales directas entre los productores y los consumidores.

La iniciativa surge en el año 2007 como resultado de procesos de soberanía alimentaria que desarrollaba la Vicaría del Sur en las veredas de la zona de cordillera del municipio.

Inicialmente sacaban sus productos mensualmente al parque del municipio, pero con la acogida de los pobladores y un comodato realizado con la alcaldía municipal para poder acceder a un lugar en la galería del pueblo, actualmente se comercializan los productos cada domingo para el mercado local.

 

María Ema Quintero es una de las líderes de este proceso  y resalta el esfuerzo que se realiza desde las familias campesinas para traer “productos de calidad para el pueblo, cien por ciento orgánicos y saludables”.  También deja muy claro que han recibido apoyo de algunas organizaciones como:
 
  • Alcaldía municipal con el comodato para el local
  • ACT, Vicaría del Sur y Universidad de la Amazonía con capacitaciones en producción y transformación de alimentos.

Pero sin dudar, resalta  el apoyo del programa Un Mundo sin hambre, que les permitió realizar adecuaciones locativas y dotarse de los implementos necesarios para comercializar de una mejor manera sus productos.  “Desde eso venimos trabajando ya mucho mejor… y las familias están más motivadas para sacar los productos de las fincas porque ya no sufrimos tanto para venderlos acá en el pueblo” explica doña María Ema.

La iniciativa ha traído numerosos beneficios para las familias que la desarrollan, entre los que se pueden evidenciar:
 
  • El cultivo de sus propios alimentos
  • Aumento de ingresos
  • Disminución de la pérdida de las cosechas en las huertas y en las fincas.
  • Aumento de la unión familiar
  • Valoración del trabajo de la mujer en el hogar, ya que son ellas quienes realizan el proceso de comercialización.

Con todo esto, doña María Ema, refiriéndose a lo que le ha traído el proceso dice:  “Gracias a Dios como sano, vivo sano y vivo feliz”

Esta iniciativa, netamente comunitaria, demuestra la importancia del empoderamiento de la mujer y de las comunidades que ellas lideran para generar nuevas dinámicas territoriales que apunten a la construcción permanente de un territorio donde la preservación y uso sostenible de los recursos disponibles y el vivir en paz sea lo fundamental.


Escrito por: Maria Elza Garcia.
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2017-11-24